sábado, 8 de mayo de 2010

Capítulo 3: Pesadilla

Me quedé sin aliento tras las palabras de Sorus.
¿Él? ¿Un asesino? ¿Estaba con un asesino?
Yo nunca había visto a un asesino, bueno, al menos no a un ASESINO, así con mayúsculas, si me entendéis, y menos que estuviera justo delante mía, y que estuviera hablando con él con toda la tranquilidad del mundo. Además, al principio se le veía que era una buena persona (dentro de lo posible estimado) No creí que fuera capaz de matar a nadie.
Sorus debió advertir mi mirada, pues dijo:
-No me mires así. El muy cabrón se lo merecía.
-¿Qué... qué ocurrió?
Él alza la mirada a la nada, perdiéndose en sus pensamientos, sus más oscuros recuerdos.
-Ocurrió hace unos... tres años. Entonces yo era una Guardia Carmesí, trabajaba para el Barón. Uno de los mejores de mis filas, por cierto.
-¡¿Un Guardia Carmesí?! ¿Eras un Guardia Carmesí? –repito boquiabierta.
Asiente.
-Sí, era un Guardia. Uno de los mejores, como ya he dicho antes. Un asesino, que arrestaba y mataba a gente inocente sin vacilar. Era cruel y sanguinario. Un día uno de los nuestros nos traicionó, y aunque antes me pareció eso, un traidor, ahora comprendo muy bien por qué lo hizo, ahora pienso igual que él, de hecho él fue una de las personas que me hizo darme cuenta de la crueldad del Barón. También, después de eso, Praxis estaba tan enfadado que quiso probar nuestra voluntad, para ver si de verdad éramos fieles a su causa y cumplíamos sus órdenes sin rechistar. Para ello, mandó a que cada uno de nosotros matáramos a nuestras familias, a nuestros seres más queridos.
-Y tú... t-tú ¿lo hiciste? –murmuro asustada.
-Estuve a punto de hacerlo, pero me di cuenta de la terrible crueldad del Barón, y de que durante todo este tiempo me estaba utilizando como a un perro, para serle fiel a una causa que nunca fue la mía. Si cumplía sus órdenes le estaría siendo fiel a él, pero no estaría siendo fiel a mí mismo. Fue muy triste que algunos de mis compañeros cumplieran sus órdenes, pero yo no lo hice. Me rebelé, maté a mi antiguo comandante, y quise asesinar a Praxis... desgraciadamente no lo conseguí, y terminaron encerándome en esta mugrienta celda. Recuerdo que maté a mucha gente... ahora me arrepiento de todo eso, pero supongo de que no puedo arrepentirme ni avergonzarme de lo que fui... de lo que soy. Porque soy un asesino, esto es lo que merezco, ahora solo me queda la muerte.
Sacudo la cabeza.
-No, no Sorus, te equivocas. Actuaste mal, pero al final te arrepentiste de tus crímenes e intentaste hacer algo para remediarlo...
-Matando a más gente.
-Sí, pero ellos se lo merecían. El Barón merecía pagar por su crueldad y sus crímenes. Porque él más que nadie es el verdadero asesino.
Aprieto los puños con rabia. Si hubiera estado en mis manos, yo también habría intentado matarlo.
Sorus comprendió mi gesto.
-No lo hagas. Sé lo que te está pasando por la cabeza en estos momentos. Pero no lo hagas, no te conviertas en lo que yo fui, porque llegará el día en que te arrepientas para toda la vida.
-¿Cómo sabes...?
-Creo que todos hemos deseado matar a alguien alguna vez. Y creo que sé a quién deseas tú matar.
-Ha matado a mucha gente. Él mandó matar a mis padres, por su culpa me he quedado huérfana –replico fríamente.
-Muchos han perdido a alguien querido en esta guerra, muchos niños han perdido a sus padres y muchos padres a sus hijos. Todos hemos perdido algo querido.
Ambos quedamos en silencio. No volvimos a hablar de ese tema en todo el día.



Esa noche, tuve pesadillas.
Al principio me contó mucho conciliar el sueño, pues no dejé de pensar en Sorus, y en todo lo que me había contado. Estaba muy confusa. Hacía frío, y estaba incómoda, no conseguía acostumbrarme a esto.
Y para colmo, cuando consigo dormirme, no tengo lo que se dice precisamente dulces sueños.

Estoy sola.
Todo está en la más profunda oscuridad. No siento nada.
Tengo miedo.
Algo se acerca a mí. Se parece a mí, y a la vez no se me parece en nada. Sus ojos son todo oscuridad, como dos pozos sin fondo, sus dientes afilados al igual que sus garras, su cabello revuelto, y su piel... extrañamente grisácea. ¿Qué... que se supone que es esa cosa? ¿Es... un demonio?
Una siniestra sonrisa se dibuja en sus labios.
Ríe secamente.
-No puedes esconderte, no puedes escapar –susurra con una voz escalofriante e inhumana.
-¿Quién... quien eres? –tiemblo.
Vuelve a reírse.
Alza la mano, quizás haciendo intento de alcanzarme. Está a pocos metros de mi, y en un segundo... lo encuentro a apenas unos centímetros.
Retrocedo bruscamente, asustada.
-¡Eres patética! ¡No intentes esconderte! No puedes escapar.
Corro huyendo de ese ser que nubla mis pesadillas. Quiero irme de aquí, quiero irme de aquí...
-¡Podrás huir, pero no podrás esconderte!
Sigo corriendo, ignorando sus palabras.
Al final el camino se cierra, ya no hay nada, solo un gran abismo. Me detengo casi automáticamente, apenas en el filo del abismo, tambaleándome, evitando caer.
Me vuelvo enseguida. Y veo al ser viniendo hacia a mí, a una velocidad imposible,
imperceptible para el ser humano.
Me atraviesa las entrañas.
...Caigo...



-¡¡NO!!
Despierto levantándome en ese instante, me llevo la mano al vientre de forma inconsciente. Veo que está bien, no tengo ninguna herida, nada me ha atravesado, estoy bien, estoy viva, sigo aquí.
Respiro entrecortadamente. El sudor corre por mi frente.
Sorus se despierta.
-¿Qué... que ha pasado? –pregunta atónito- Kayt... est- ¿estás bien?
-S-sí –tartamudeo- creo que si... solo... solo fue una pesadilla... no ha pasado nada... estoy bien...
Suspira aliviado.
-Menos mal.
Se da la vuelta y vuelve a dormirse.
Me gustaría que al menos en mis sueños mi vida pudiera ser menos macabra de lo que ya es. Es como vivir una pesadilla para despertar en otra. No sé cual es peor.
Tendré que ir acostumbrándome a vivir entre dos infiernos.
Vuelvo a acostarme, para volver a mi mundo de tierras malditas.
Solo quiero soñar... solo quiero volver a soñar otra vez como soñaba antes...
...Volver a soñar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario